¿Se necesita de un Dios para ser moral? (Parte I)

Por: Héctor Ignacio Avalos

El gran escritor ruso Fedor Dostoievski (1821-1881), es famoso por afirmar que sin Dios todo está permitido. Ciertamente la idea que la moralidad no puede existir sin Dios, o la idea que Dios es la base indispensable de la moralidad es parte de las defensas más comunes del cristianismo. Por ejemplo, el teólogo cristiano Myer Pearlman, dice:

“Si no hay Dios, no hay tampoco ley divina y por ende toda la ley es ley del hombre”. A la vez, los teólogos cristianos arguyen que nuestro sentido del bien y el mal es prueba que existe una sola ley absoluta que se origina en Dios.

El mismo teólogo, Myer Pearlman, dice:

“¿Qué conclusiones se pueden derivar de esta conciencia o sentido universal del bien y el mal? Que existe un Legislador que ha señalado un nivel de conducta para el hombre y ha hecho la naturaleza del hombre capaz de entender ese nivel”.

¿Pero se puede demostrar que tales ideas son verdaderas? ¿O son solamente una ilusión humana? ¿Son ideas que se sostienen solamente porque se repiten sin examen crítico, o son ideas tan evidentes que no necesitan examen crítico?

Para verificar si la creencia en un Dios garantiza reglas absolutas, debemos empezar con la definición cristiana de la moralidad absoluta. En su obra Del libre albedrío (1.6), el influyente filósofo cristiano Agustín (354-430 d. C) define una ley absoluta divina de la siguiente manera:

“Esa ley, que es la Razón Divina misma, no se puede entender fuera de que es invariable y eterna.

Los cristianos que creen en tales reglas invariables a veces se valen de pasajes bíblicos como Hebreos 13.8 (“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”), que implica que Dios no cambia su pensamiento moral.

En fin, para tales cristianos, la moralidad absoluta se refiere a un sistema de reglas de conducta que se pueden denominar buenas o malas, independiente de las circunstancias o el tiempo.

Si la creencia en un dios garantiza la moralidad absoluta, entonces debe de haber por lo menos una regla invariable en todas las religiones. Pero la verdad es que las religiones del mundo frecuentemente tienen diferentes conceptos de lo que es bueno y lo qué es malo, aun cuando afirman que tales conceptos fueron revelados por el dios de esa religión.

Por ejemplo, para el musulmán está perfectamente permitido hoy mismo el tener más de una esposa, pero el cristiano conservador cree que uno se va ir al infierno si tiene más de una esposa. El musulmán cree que si uno no confiesa que Mahoma es profeta de Dios, será castigado por Dios, pero confesar tal cosa sería malo para el cristiano. Para el hindú, matar una vaca es un pecado, pero para el cristiano no lo es. Para los judíos ortodoxos, es pecado comer puerco, pero para los protestantes no lo es.

Aun dentro del cristianismo hay grupos, como la Iglesia Episcopal, que permiten la ordenación de homosexuales, y hay otros para los cuales tal práctica es pecado mortal. Hay grupos cristianos, como la Iglesia Episcopal, que permiten el aborto, y hay grupos como los Católicos Romanos que consideran el aborto como un asesinato. Hay grupos cristianos como los Menonitas que se oponen a la participación en las guerras, y hay grupos cristianos que dicen que tal participación es obligatoria. El Testigo de Jehová cree que uno pierde la vida eterna al usar la transfusión de sangre, pero hay grupos cristianos que consideran el rechazo a usar una transfusión de sangre como un pecado pues sería como cometer suicidio.

Un examen de la creencia acerca de la tortura de infantes en la historia del cristianismo es suficiente para demostrar los problemas con la idea de que la creencia en Dios garantiza la moralidad absoluta. Muchos cristianos hoy dirían que una ley absoluta divina e invariable sería la de que es malo matar o torturar a infantes, independiente del tiempo o las circunstancias. Si tal ley es invariable, entonces sería malo torturar infantes en el siglo mil antes del cristianismo así como que es considerado malo hoy por tales cristianos.

Tales cristianos no parecen darse cuenta que la Biblia, el documento central del cristianismo, contiene pasajes que aprueban la matanza y tortura de infantes. Por ejemplo, en Números 31.17-18 encontramos:

“Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente. Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida”.

Deuteronomio 2.33-34 dice lo siguiente acerca del tratamiento de los habitantes de Canaán por Moisés y sus ejércitos:

“Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y lo derrotamos a él y a sus hijos, y a todo su pueblo. Tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, mujeres y niños; no dejamos ninguno”.

En el Salmo 137.8-9 encontramos los siguientes sentimientos acerca de los babilonios:

“Hija de Babilonia la desolada, Bienaventurado el que te diere el pago De lo que tú nos hiciste. Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña”.

En Josué 6.21, se nos relata lo que hizo Josué, el jefe militar mandado por el dios bíblico para destruir a los habitantes de Canaán. “Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos.

Si la tortura de infantes no se mantiene como una regla absoluta en todas las religiones, entonces ¿cuál regla se puede mantener como absoluta en cualquier religión?

Igualmente, si consideramos la moralidad de la esclavitud humana, no encontramos una concordancia entre personas que creen en un dios. Por ejemplo, la esclavitud es tenida por inmoral por la mayoría de los cristianos tradicionales hoy en día. Sin embargo, la Biblia, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, enseña que la esclavitud es ordenada o permitida por Dios. Por ejemplo, una de las leyes de las que se dice han sido mandadas por Dios a Moisés es la siguiente en Éxodo 21.2:

“Si comprareis un siervo hebreo, seis años servirá; más al séptimo saldrá libre, de balde”.

Nótese también, lo que se supone dice Dios a Moisés en Levítico 25.44-47:

“Así el esclavo como la esclava que tuviereis, serán de las gentes que están en vuestro alrededor; de ellos podréis comprar esclavos y esclavas. También podréis comprar de los hijos de los forasteros que viven entre vosotros, y de las familias de ellos nacidos en vuestra tierra, que están con vosotros, los cuales podréis tener por posesión. Y los podréis dejar en herencia para vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os serviréis de ellos; pero en vuestros hermanos los hijos de Israel no os enseñorearéis cada uno sobre su hermano con dureza”.

Así que según este pasaje, Dios no sólo permite la esclavitud sino que él mismo ordena el número de años que tal esclavo va a servir a su señor. Ser esclavo no es algo moral aunque sea por una hora, y mucho menos por siete años según la mayoría de cristianos conservadores modernos. Mucho más doloroso para el esclavo era que si se casaba con una mujer esclava, el esclavo liberado no podía salir con su mujer (Éxodo 21.4).

Muchos apologistas cristianos minimizan la esclavitud bíblica, y argumentan que el sistema bíblico era más benigno que la esclavitud en otras culturas. Pero la misma Biblia indica que los esclavos eran menos que seres humanos. Por ejemplo, si el amo llega a matar a su siervo a golpes, Éxodo 21.20 dice que el amo será castigado pero no puesto a muerte. Pero en todos los otros casos donde uno mata a su prójimo, la vida es tomada por la vida. También si tal esclavo sobrevive a los golpes, entonces el amo no es castigado porque al esclavo se le considera propiedad y no un ser humano completo (Éxodo 21.21). Tal tratamiento hoy en día a un ser humano no sería tenido por moral por casi ningún cristiano tradicional.

Tampoco puede uno decir que el cristianismo del Nuevo Testamento cambió estas leyes sobre la esclavitud. Cuando se habla en contra de la esclavitud en el Nuevo Testamento, casi siempre se trata de esclavitud espiritual y no de la institución humana donde alguien es forzado a servir a otro ser humano. La esclavitud convencional no fue algo a lo que se opusieron los teólogos del Nuevo Testamento. Muy al contrario, muchos pasajes en el Nuevo Testamento, ordenan a los esclavos a estar sujetos a los dueños. Por ejemplo, en Efesios 6.5:

“Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo”.

Según 1 Pedro 2.18:

“Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar”.

Ideas similares se encuentran en Colosenses 3.22 y Tito 2.9. Una vez más, esto demuestra que la Biblia no es una buena guía para la moralidad absoluta si se afirma que la esclavitud es absolutamente mala.

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